Casi 30.000 participantes deliberan en Bakú, Azerbaiyán, sobre cómo alojar a un mundo de 2800 millones de personas sin hogar digno; se trata del Foro Urbano Mundial 2026.
Allí, una voz de la sociedad civil recuerda desde la experiencia y la investigación que el problema no es solo de ladrillos, sino de poder.
“La crisis de la vivienda no se trata solo de cuántas viviendas se construyen. Se trata también del tipo de vivienda que se construye, de dónde se construye, de la ubicación y de y de quién tiene acceso. ¿Quién se puede permitir esas esas viviendas? Allí el papel de la sociedad civil es muy importante porque puede permitirnos entender cuáles son las necesidades de los grupos más vulnerables, que normalmente son aquellos que viven en asentamientos informales, pero también que viven en condiciones de precariedad como contratos de alquiler inestables o con riesgo de desahucios”.
Así lo resume Paula Sevilla, investigadora en el Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo (IIED).
Sevilla reivindica el papel de la sociedad civil para mapear asentamientos informales. Esto significa ir más allá de la información oficial sobre las condiciones de vida en los asentamientos y entender dónde están las necesidades más importantes.
También es crucial el acceso a formas de financiación alternativas para aquellos que no tienen acceso a los mecanismos de financiamiento formal.