Desde la ventana del estudio del Palacio Apostólico, al término del Ángelus, el Papa pidió retomar el diálogo ante las tensiones entre Estados Unidos y Cuba. Los obispos cubanos advirtieron ayer sobre los posibles riesgos sociales y la violencia que podría escalar en la población tras el anuncio de aranceles a los países que provean petróleo a la isla.
Vatican News
"He recibido con gran preocupación noticias sobre un aumento de las tensiones entre Cuba y los Estados Unidos de América, dos países vecinos". Con estas palabras el Papa León XIV se refirió a la frágil situación de la isla, al terminar la oración mariana del Ángelus del domingo 1 de febrero de 2026 en la Plaza de San Pedro.
El Pontífice se asoció al mensaje de los obispos cubanos, "invitando a todos los responsables a promover un diálogo sincero y efectivo, para evitar la violencia y cualquier acción que pueda aumentar el sufrimiento del querido pueblo cubano", como expresa el Episcopado en un texto divulgado el sábado 31 de enero.
"¡Que la Virgen de la Caridad del Cobre asista y proteja a todos los hijos de esa amada tierra!", exclamó el Sucesor de Pedro.
En su carta, los prelados habían manifestado una profunda consternación ante el riesgo de caos social tras la firma de una orden ejecutiva por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la que amenaza con imponer aranceles a los países que suministran petróleo a Cuba. Además, reclamaron reformas profundas, diálogo y respeto a la dignidad humana, sin exclusiones ni enfrentamientos.
Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas:
He recibido con gran preocupación noticias sobre un aumento de las tensiones entre Cuba y los Estados Unidos de América, dos países vecinos. Me uno al mensaje de los obispos cubanos, invitando a todos los responsables a promover un diálogo sincero y eficaz, para evitar la violencia y cualquier acción que pueda aumentar el sufrimiento del querido pueblo cubano. ¡Que la Virgen de la Caridad del Cobre asista y proteja a todos los hijos de esa amada tierra!
Aseguro mi oración por las numerosas víctimas del derrumbe en una mina en Kivu del Norte, en la República Democrática del Congo. ¡Que el Señor sostenga a ese pueblo que tanto sufre!
Oremos también por los difuntos y por todos aquellos que sufren a causa de los temporales que en los últimos días han azotado Portugal y el sur de Italia. Y no olvidemos a las poblaciones de Mozambique, duramente afectadas por las inundaciones.
Hoy se celebra en Italia la “Jornada nacional de las víctimas civiles de las guerras y los conflictos en el mundo”. Esta iniciativa es, lamentablemente, trágicamente actual: cada día se registran víctimas civiles de acciones armadas que violan abiertamente la moral y el derecho. Los muertos y heridos de ayer y de hoy serán verdaderamente honrados cuando se ponga fin a esta intolerable injusticia.
El próximo viernes darán comienzo los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, a los que seguirán los Juegos Paralímpicos. Dirijo mis mejores deseos a los organizadores y a todos los atletas. Estos grandes eventos deportivos constituyen un fuerte mensaje de fraternidad y reavivan la esperanza de un mundo en paz. Este es también el sentido de la tregua olímpica, una antigua costumbre que acompaña el desarrollo de los Juegos. Espero que todos aquellos que valoran la paz entre los pueblos y ocupan puestos de autoridad sepan aprovechar esta ocasión para realizar gestos concretos de distensión y de diálogo.
Saludo a todos ustedes, queridos romanos y peregrinos venidos de diversos países.
En particular, me complace dar la bienvenida a los miembros del movimiento Luce-Vita de la diócesis de Siedlce, en Polonia, acompañados por el obispo auxiliar. Saludo a los grupos de fieles de Paraná, en Argentina; de Chojnice, Varsovia, Wrocław y Wagrowiec, en Polonia; de Pula y Sinj, en Croacia; de Ciudad de Guatemala y San Salvador; así como a los estudiantes del Instituto “Rodríguez Moñino” de Badajoz y a los de Cuenca, en España. Saludo también a los devotos de Nuestra Señora de los Milagros de Corbetta, cerca de Milán.
Les agradezco de corazón sus oraciones y les deseo a todos un feliz domingo.