Tres años después del estallido del conflicto en Sudán, casi 34 millones de personas necesitan asistencia humanitaria, la cifra más alta del mundo.
Los civiles pagan el precio más alto: hogares, mercados, hospitales y escuelas han sido destruidos, y los ataques con drones se han convertido en una realidad diaria en zonas pobladas.
Las familias han sido desarraigadas una y otra vez, y las mujeres y niñas sufren una violencia sexual generalizada, incluidas violaciones y violaciones colectivas.
La población infantil paga el precio más alto. UNICEF reporta que, solo en el primer trimestre de 2026, al menos 160 niños fueron asesinados y 85 mutilados, un aumento del 50% respecto al mismo periodo de 2025. Más de cinco millones de menores han sido desplazados, a menudo en múltiples ocasiones, y ocho millones permanecen fuera del sistema educativo.
Los trabajadores humanitarios, en su mayoría sudaneses, arriesgan sus vidas a diario. La ONU exige el cese inmediato de las hostilidades, la protección de los civiles y el acceso humanitario sin trabas.