Con motivo del Día Mundial de la Vida Silvestre, que se celebra anualmente cada 3 de marzo, nos adentramos en la importancia de las plantas medicinales.
Las plantas son fundamentales tanto para los ecosistemas como para la economía, según afirmó Danna J. Leaman, copresidenta saliente del Grupo de Especialistas en Plantas Medicinales de la Comisión de Supervivencia de Especies de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
"En los últimos 15 años, el foco de atención ha empezado a desplazarse hacia un espectro mucho más amplio de organismos de los que no solo depende la salud humana y los medios de subsistencia, sino todo el sistema de diversidad biológica", declaró Leaman a Noticias ONU.
La experta, bióloga conservacionista y etnobotánica, añadió que el enfoque de este año en las plantas medicinales y aromáticas refleja un creciente reconocimiento del papel fundamental que desempeñan las plantas tanto en los ecosistemas como en la economía.
¿Qué es una planta medicinal?
No existe una definición única de planta medicinal, aunque las comunidades de todo el mundo han utilizado diversas especies en la medicina tradicional desde el principio de los tiempos.
Sin embargo, su uso no se limita a las prácticas ancestrales, sino que también son una fuente de productos farmacéuticos modernos, alimentos, perfumes, cosméticos y productos de limpieza para el hogar.
Con el creciente interés por los productos naturales en muchos países, los debates sobre su uso adecuado y su conservación han cobrado aún más importancia.
Conversaciones sobre conservación
Durante décadas, los esfuerzos de conservación de la vida silvestre se centraron en los animales, pero esa perspectiva se ha ido ampliando gradualmente, explicó Leaman.
"Es bastante notable considerar cuántas comunidades, y no solo los recolectores rurales o los usuarios tradicionales, sino también la industria farmacéutica, dependen de medicamentos que se han derivado de alguna manera de las plantas", afirmó.
El tema del Día Mundial de la Vida Silvestre también pone de relieve un cambio importante en las prioridades mundiales de conservación en el marco de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), el acuerdo internacional que regula el comercio de vida silvestre.
"En muchos sentidos, esto es una declaración de que no se trata solo de animales", señaló Leaman. "La propia CITES está reconociendo que muchas de las especies involucradas en el comercio internacional son plantas".
Los ingredientes para un remedio medicinal tradicional chino.
30.000 plantas: Usos y riesgos
Expertos del Grupo de Especialistas en Plantas Medicinales y del Real Jardín Botánico de Londres han recopilado bases de datos mundiales que documentan especies y sus usos.
Alrededor de 30.000 especies de plantas son ampliamente reconocidas como medicinales o aromáticas según la evidencia publicada y los datos comerciales.
Al igual que la biodiversidad en general, las plantas medicinales y aromáticas se enfrentan a una presión creciente, señaló Leaman. Evaluaciones recientes de plantas medicinales europeas muestran amenazas derivadas de la expansión agrícola, el cambio de uso del suelo y la recolección insostenible de poblaciones de plantas silvestres.
El cambio climático también se está convirtiendo en un riesgo cada vez más grave, particularmente para las especies que crecen en hábitats vulnerables como los humedales y los ecosistemas de montaña.
Una planta ayurvédica amenazada
Una planta ilustra tanto la importancia como la vulnerabilidad de las especies medicinales: la nardostachys jatamansi, a veces llamada espicanardo o nardo, una hierba del Himalaya valorada durante mucho tiempo en los sistemas de medicina tradicional, incluido el Ayurveda.
Esta planta crece en regiones de gran altitud de Nepal, la India y China. Sus raíces aromáticas se cosechan para su uso en preparados medicinales y aceites esenciales. Dado que la raíz es la parte valiosa, la cosecha suele matar la planta, lo que hace que una gestión cuidadosa sea esencial para evitar el declive de la población.
Considerada en peligro crítico en la "Lista Roja" de especies amenazadas de la UICN, la nardostachys jatamansi ha sido objeto de esfuerzos para garantizar una cosecha sostenible, particularmente en Nepal, donde las restricciones comerciales protegen ahora las plantas silvestres. Aunque estas medidas pretenden conservar la especie, también pueden afectar a los medios de subsistencia rurales que dependen de la recolección de plantas medicinales.
Para abordar esto, Leaman sugirió que demostrar prácticas de recolección sostenibles podría ayudar a equilibrar la conservación con las necesidades económicas.
"Si se puede demostrar que la cosecha y el comercio son sostenibles", explicó, "se permitiría que las economías locales se beneficiaran, al tiempo que se reforzarían los incentivos para conservar los hábitats donde crecen estas especies".
¿Qué pueden hacer los consumidores y las empresas?
El interés y la demanda mundiales de plantas medicinales y aromáticas están creciendo rápidamente. Aunque muchas comunidades han dependido durante mucho tiempo de los productos naturales, la demanda se ha disparado en los últimos años en mercados donde los consumidores buscan cada vez más remedios, suplementos y cosméticos de origen vegetal.
"Es importante que la gente preste atención al origen de estos productos", dijo Leaman, ofreciendo algunos consejos:
Se anima a los consumidores a mirar más allá de las afirmaciones de la publicidad y buscar pruebas de que los productos se obtienen de forma sostenible y ética.
Ya existen herramientas independientes para ayudar, como una plataforma en línea llamada WildCheck, desarrollada por la red de vigilancia del comercio de vida silvestre TRAFFIC, el grupo de especialistas de la UICN y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Esta herramienta ayuda a las empresas y consumidores a evaluar si los ingredientes vegetales se cosechan de forma sostenible, si los impactos ambientales se gestionan responsablemente y si las comunidades involucradas en la cosecha reciben un trato justo.
Sistemas de certificación como el Estándar FairWild, desarrollado con la participación de especialistas en conservación, pretenden garantizar que las prácticas de abastecimiento cumplan con criterios de responsabilidad ambiental, social y empresarial, desde la cosecha hasta la venta final.