La disposición de sus componentes multiplica su eficacia y podría transformar el tratamiento de los cánceres de cuello uterino y cabeza y cuello, según un estudio publicado en Science.
Un equipo de científicos de la Universidad Northwestern (Estados Unidos) ha dado un paso decisivo en la lucha contra los tumores inducidos por el virus del papiloma humano (VPH), gracias a una vacuna terapéutica cuya eficacia depende no solo de sus componentes, sino de cómo están organizados. El hallazgo, publicado en la revista Science Advances, demuestra que modificar la orientación y ubicación de un único péptido dirigido al cáncer puede potenciar la capacidad del sistema inmunitario para atacar los tumores, ralentizar su crecimiento y prolongar la supervivencia en modelos preclínicos.
La vacuna, diseñada como un ácido nucleico esférico (SNA), una forma globular de ADN que penetra y estimula de forma natural las células inmunitarias, fue probada en modelos animales humanizados de cáncer VPH y en muestras de tumores de cabeza y cuello derivadas de pacientes.
Este avance se enmarca en el campo emergente de la «nanomedicina estructural», término acuñado por Chad A. Mirkin, pionero de la nanomedicina en Northwestern. Mirkin y su equipo han demostrado que la arquitectura a nanoescala impulsa la potencia inmunitaria, proporcionando una guía para diseñar vacunas terapéuticas más eficaces para muchos tipos de cáncer basadas en componentes conocidos, acelerando el desarrollo terapéutico y reduciendo su costo.
¿Por qué es tan importante la estructura?
En los enfoques convencionales, los investigadores mezclan antígenos y adyuvantes en un cóctel desestructurado. Sin embargo, la nanomedicina estructural permite organizar deliberadamente estos componentes en configuraciones óptimas, lo que se traduce en mayor eficacia y menor toxicidad. «La promesa de la nanomedicina estructural reside en poder identificar, entre la multitud de posibilidades, las configuraciones que ofrecen la mayor eficacia y la menor toxicidad. En otras palabras, podemos desarrollar mejores medicamentos desde cero», explicó Mirkin, según recoge Ep.
El estudio de Northwestern se suma a una tendencia global: la búsqueda de vacunas terapéuticas que no solo prevengan la infección, sino que ayuden a combatir el cáncer una vez desarrollado. Las vacunas actuales contra el VPH, como Cervarix, Gardasil y Gardasil-9, han demostrado ser eficaces para prevenir infecciones y lesiones precancerosas, especialmente cuando se administran antes de los 16 años, reduciendo el riesgo de cáncer de cuello uterino en un 80%. Sin embargo, no ayudan a los pacientes que ya han desarrollado tumores.
En este sentido, la vacuna desarrollada por estos investigadores entrena a los linfocitos T CD8 «asesinos» para reconocer y destruir células cancerosas positivas al VPH. Todas las versiones probadas contenían los mismos ingredientes, pero la diferencia estaba en la ubicación y orientación del fragmento peptídico derivado del VPH. El diseño óptimo logró ralentizar el crecimiento tumoral y prolongar la supervivencia animal en modelos preclínicos.
Este enfoque se ha aplicado también a otros tipos de cáncer, como melanoma, cáncer de mama triple negativo, colon, próstata y carcinoma de células de Merkel, con resultados prometedores en modelos preclínicos. En Estados Unidos, siete fármacos ya han iniciado ensayos clínicos en humanos para diversas enfermedades.