En el gobierno Petro recordaron que los ricos también lloran, pero les faltó decir que los comunistas también roban. Los que odian al presidente Gustavo Petro, dicen que el próximo 3 de febrero cuando llegue a la Casa Blanca lo dejarán capturado. Sus fans aseguran que el presidente Donald Trump lo invitó para renovarle la visa y sacarlo de la Lista Clinton. Otros más prácticos explican que le otorgarán visa de inversionista porque necesitan consignar los dólares que se “Roaron» de Ecopetrol.
Es decir, se va por el hueco y regresa en primera clase.
Los calzoncillos de lata que compró para cuidarse » el trasero «, tras la amenaza de Trump, los tuvo que cambiar por rodilleras para llegar hasta Tío Sam. Petro está emocionado por llegar a la Casa Blanca y besarle el anillo al Cristóbal Colón moderno.
Si Petro se reconcilia con la señora Verónica hace moñona porque se la lleva como Primera Dama en su viaje a Washington. También puede pedir que a ella le regresen los beneficios consulares y rehabiliten sus servicios financieros para que alcance a viajar por última vez como representante cultural al festival de Venecia.
Para no dejarse echar tierra de María Corina Machado, que le cedió su medalla de Premio Nobel, Petro le puede llevar de obsequio a Trump, la medalla de la paz total con la que lo condecoró Iván Mordisco. De ñapa la doctora Alcocer puede empacar a escondidas en el equipaje el megáfono y obsequiárselo a Trump para que no tenga que gritarle a Delcy, su nueva empleada domesticada.
Quien busca pegarse en el viaje es el ministro del interior Armando Benedetti. Siempre aspira a todo. Tiene el inconveniente que huele mal y los perros de la aduana gringa no muerden carne podrida porque se envenenan.
La probabilidad de recuperar la visa y que lo saquen de la lista Clinton es muy alta si nos basamos en lo sucedido con la dictadora venezolana Delcy Rodríguez, convertida en la nueva mejor amiga del presidente Trump. A propósito, Venezuela es el único país del mundo que tiene cinco presidentes. El legítimo, Edmundo González; el de la reconstrucción desde el exilio, Juan Guaidó; el extraído, Nicolas Maduro; la sapa Delcy Rodríguez, impuesta por Tío Sam y Donald Trump, quien publicó su fotografía asegurando que es el verdadero presidente de Venezuela.
Petro está tan feliz de visitar a Trump, que en su encuentro del próximo 3 de febrero puede proponerle que sus gladiadores de la primera línea servirán de voluntarios para tomarse Groenlandia. Un comunista regalado es más peligroso que un petrista firmando contratos en la UNGRD.
Si Petro regresa al país como el mejor amigo de Trump, la derecha colombiana será la más perjudicada porque se quedan sin narrativa contra el castrochavismo y Paloma tendría que subirse al tigre. Lo importante es que a este presidente le quedan 197 días para dejar la Caja de Nariño.
Como favor con carácter humanitario, Petro le pedirá a Trump que lo deje visitar a Nicolás Maduro, para proponerle que compre títulos en las subastas de la Fundación San José para que los presente en el INPEC gringo y le ayuden a rebajar pena.