Cortesía: Labodigital ColombiaDirigido por Bruce Robertson y JJ Duncan, el filme se construye como una “memoria visual” que entrelaza décadas de archivos personales, videos caseros inéditos, material de observación directa y entrevistas íntimas con presentaciones musicales en vivo.
A lo largo del relato, Hilton revisita su infancia, su adolescencia en la escena nocturna, el escrutinio mediático de principios de la década del 2000 y la forma en que la música operó como refugio frente al trauma y la exposición pública.
“La música me salvó la vida”, afirma Hilton en el documental, una frase que se convierte en el eje narrativo de la película. Lejos de presentar la música como evasión, Icono Infinito la muestra como un espacio de pertenencia y libertad creativa, y como el lenguaje a través del cual Hilton logra reconstruir su identidad más allá del personaje que los medios ayudaron a consolidar.
La película también dialoga con debates contemporáneos sobre salud mental, misoginia mediática y cultura pop, revisitando una época marcada por el tratamiento hostil hacia mujeres jóvenes y famosas. En este contexto, propone una lectura crítica del pasado y una reivindicación del presente, en el que Hilton se posiciona como artista, empresaria y autora de su propia historia.